Mark Twain, los judíos y su filosemitismo

Diego Moldes, Madrid, domingo 17 de septiembre de 2017.

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En 1898 el escritor Mark Twain (1835-1910) regresó de un viaje por Europa, en donde se había asentado en Viena durante dos años, entre 1896 y 1898. De ahí surgió un texto titulado Conmovedores Tiempos en Austria ( Harper’s Magazine, marzo 1898), de enorme impacto en la sociedad americana, especialmente entre la burguesía ilustrada y la creciente comunidad judía de Estados Unidos que escapaba del antisemitismo europeo que asolaba tierras europeas, fundamentalmente el Imperio Ruso, el Imperio Austro-húngaro y Prusia (no así el Imperio Otomano, ni Reino Unido o Italia, por ejemplo). En su estancia vienesa Twain pudo comprobar de primera mano la tesis que mantengo desde hace más de veinte años: el antisemitismo es el huevo de la serpiente de toda forma de racismo y xenofobia. 

En vida Twain no era sólo el escritor estadounidense más célebre del siglo XIX -desde luego más que otros escritores de mayor alcance literario como Herman Melville, Poe o el poeta Walt Whitman- sino que se se erigió en la conciencia social de América, pues fue de los primeros en dar altavoz a los derechos civiles, a combatir el racismo y la discriminación social y la xenofobia, desde que acabó la Guerra de Secesión o Guerra Civil Americana. El autor de Las aventuras de Tom Swayer, nacido Samuel Langhorne Clemens y bautizado cristiano protestante por la Iglesia Presbiteriana, fue educado en una época en la que en los Estados Unidos se despreciaba al catolicismo (“educated to enmity toward everything that is Catholic”, afirmó), el judaísmo, el cristianismo ortodoxo el islamismo o cualquier otra confesión que no fuese la mayoritaria en el mundo anglosajón.

Este escritor, que muchos admiramos desde nuestra niñez y la lectura de Las aventuras de Huckleberry Finn, fue de los primeros en aplicar los términos civil rights (derechos civiles), por ejemplo en su correspondencia con el futuro presidente Lincoln, ya desde la década de 1860. Ser antixenófobo, filosemita y feminista siendo uno de los hombres más populares de América es digno de elogio. Durante medio siglo Twain defendió la igualdad racial, sexual y religiosa, desde la abolición de la esclavitud hasta el sufragio femenino. El autor de Missouri dejó escritas unas líneas que hoy, ciento veinte años después de haberse publicado, no sólo no se han desactualizado sino que cobran nuevo sentido y fuerza. Los judíos, supervivientes de la barbarie nazi y de las purgas estalinistas, entre otras formas criminales de antisemitismo, han sobrevivido a todo y el misterio es por qué. [El historiador galo Leon Poliakov (1910-1997) trató de dar respuesta a todo esto en su obra monumental Histoire de l’antisémitisme.] Como tantos otros gentiles, antes y después de él, de Julio César a Thomas Mann, de Alfonso X el Sabio a Sartre, Mark Twain fue haciéndose más y más filosemita a medida que iba profundizando en la milenaria historia del pueblo judío y en sus valores humanísticos. El filosemitismo de Twain es muy meritorio, en una época (circa 1870 a 1910) en la que el antisemismo estaba muy extendido (y en donde los judíos no tenían derechos en la mayor parte de Europa y Latinoamérica), porque el judío nace judío, no elige ser, lo es al nacer (y el nacimiento no es mérito propio sino obviamente de los progenitores), mientras que el filosemita se hace, se es filosemita por vocación y por convicción, como era su caso. Basten estas líneas para confirmarlo.

Si las estadísticas son correctas, los judíos constituyen el uno por ciento de la raza humana. [Actualmente, 2017, es menor: cerca del 0,2% del total mundial.] Es como una nebulosa partícula de polvo dentro del polvo estelar perdido en la grandeza de la Vía Láctea. Realmente no debería escucharse casi nada acerca del judío, sin embargo, se oye acerca de él, y siempre se ha oído. Es tan prominente en el planeta como cualquier otro pueblo, y su importancia comercial está extremadamente fuera de proporción en relación a su pequeñísimo tamaño.

“Sus contribuciones a la lista de grandes nombres en el mundo en literatura, ciencia, arte, música, finanzas, medicina y el aprendizaje abstruso están también fuera de proporción en relación a la debilidad de sus números. Ha peleado de una manera excepcional en el mundo, en todas las épocas; y lo ha hecho siempre con las manos atadas detrás de su espalda. Podría ser vanidoso y ser excusado por ello.

“Los imperios Egipcios, Babilonios y Persas, crecieron, llenaron el planeta con sonido y esplendor, y después desaparecieron como parte de un sueño. Después aparecieron los Griegos y los Romanos e hicieron mucho ruido pero también desaparecieron. Otros pueblos han crecido y mantenido su antorcha prendida en alto por algún tiempo, pero finalmente se les apagó y ahora se encuentran en el crepúsculo o ya no existen. El judío los vio a todos y les ganó a todos. Es ahora lo que siempre fue, no ha mostrado decadencia ni envejecimiento, ningún debilitamiento de sus partes, ningún enlentecimiento de sus energías, ningún desafilamiento de su mente alerta y agresiva. Todo es mortal excepto el judío; todas las demás fuerzas pasan, pero él perdura.

“¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?”

Mark Twain

 

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Salón-biblioteca de Mark Twain.

 

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