Bernardo Kliksberg escribe sobre Albert Einstein

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Einstein, el gran cuestionador

Bernardo Kliksberg

Segunda parte

EINSTEIN Y EL JUDAÍSMO

 

¿Qué significaba judaísmo para Albert Einstein? ¿Qué entendía por judaísmo? Examinaremos, sintéticamente, tres aspectos de su pensamiento al respecto.

 

Qué es un judío

 

Einstein explica qué es un judío para él y tipifica los judíos por cuatro grandes características, que aparecen marcadas en sus testimonios y escritos.

 

En primer término los identifica con lo que él llamó “el ideal democrático de justicia social ligado a la concepción de ayuda mutua y de tolerancia entre los hombres”. A Einstein lo impresiona profundamente el cuadro permanente, que observa en su experiencia vital, de la solidaridad judía, esa tendencia a la ayuda mutua, como la denomina, incluida en un marco mucho más amplio, que es esa inquietud judía por el ideal democrático de justicia social. Encuentra vínculos muy claros entre esta primera característica del judaísmo y las fuentes del judaísmo. No tiene ambages en señalarlo, evidentemente en absoluta discrepancia con los científicos agnósticos predominantes en su época. Por eso dice lo siguiente: “Ser judío representa, en primer término, reconocer y seguir en la práctica los principios fundamentales de humanidad formulados en la Biblia, sin los cuales ninguna comunidad de hombres sanos y felices puede existir.” Einstein encuentra en el judaísmo este punto de partida, los principios fundamentales de humanidad, que considera que constituyen la base de una comunidad de hombres “sanos y felices”, dicho en su lenguaje tan sencillo.

 

En segundo término, ser judío significa, para él, practicar una especie de culto por el intelecto, la cultura y el espíritu. Lo encuentra como un rasgo central de identidad de los judíos, fomentado a través de las generaciones, en el hogar, en el pueblo.

 

En tercer término, ese rasgo definidor presenta, como un componente central, el antidogmatismo. Einstein habla de la oposición permanente de los judíos a la mayor parte de los dogmas que conoció el género humano. Y elocuentemente lo ilustra a partir de su propia experiencia vital, señalando que los nazis captaron este fenómeno. Entendieron que sus dogmas jamás podrían ser aceptados por los miembros del pueblo judío. Allí había un núcleo irreductible frente a lo que implicaba ideológicamente el nazismo. En este contexto resulta clara la quema de libros en la plaza pública, en la que tuvieron “prioridad” los libros de Einstein y de todo judío alemán significativo, uno de los primeros actos de barbarie en el ascenso de Hitler al poder. La quema significaba de algún modo exorcizar el antidogmatismo de los judíos. Librar al nazismo de esa posibilidad permanente de contradicción contra la afirmación de mitos oscuros y verdades infalibles que enarbolaban los nazis.

 

En cuarto término, Einstein, con enorme agudeza, observa que lo singular del judaísmo no es solamente esta prédica de la democracia y la justicia social, este realce de lo intelectual y esta independencia de criterio sistemático, sino que lo singular es el ejercicio de ello en la vida cotidiana. Es que estas prácticas no son un “lujo” de los intelectuales judíos o de dirigentes comunitarios, o de los rabinos. Tienen una vigencia mucho más amplia. Explica que estos modelos ideales hallan su expresión tanto en las cosas insignificantes como en las grandes. Señala que se transmiten de padres a hijos; animan la conversación y los juicios entre amigos; llenan los escritos religiosos y otorgan a la vida en comunidad del grupo, su impronta inconfundible. En estos ideales distintivos, advierte Einstein la esencia de la naturaleza judía. Estos ideales, según él, no son patrimonio de una elite, sino de cada hogar. Constituyen la tendencia sistemática hacia la que tienden los hogares judíos; impregnan en su conjunto la atmósfera. Esto es, para Einstein, un judío. Tal imagen no responde desde ya a todos los judíos existentes, pero es la que surge de las raíces y de la vida del judaísmo. Ese modelo de vida es al que aspiraron los judíos más preclaros y consecuentes, y al que han aspirado las mayorías del pueblo judío durante períodos importantes y fundamentales de su historia. La concepción judía del mundo ¿Cómo se vinculan los judíos descritos por Einstein, con el mundo? ¿Cómo lo perciben? Einstein subraya esencialmente algunos aspectos del judaísmo. Por un lado, el judaísmo ve el mundo desde una perspectiva en donde lo que se afirma centralmente es la vida. “La vida es sagrada, representa el valor supremo del que dependen todas las demás valoraciones”, dice Einstein. El respeto por la vida humana a través de todos los mecanismos de análisis y de práctica cotidianos posibles, es característico del judaísmo. Desde el culto a la vida que surge de la Biblia, su prédica sistemática, de que la vida debe anteponerse al ritual, de que la vida está antes que ningún otro valor existente. En segundo término, además de la afirmación de la vida, dice Einstein que en esa misma línea servir a Dios, en la concepción judía del mundo, es servir a los seres vivientes. Einstein, se hermana al mensaje básico de los profetas o a la reflexión filosófica contemporánea de Martín Buber. Cuando Martín Buber dice que el judaísmo no consiste en hablar sobre Dios o de Dios, sino en hablar con Dios, está enfatizando como él: servir a Dios es hacerlo con los semejantes.

 

El gran físico destaca el ejemplo bíblico. Señala que no solamente se creó el sábado a partir del respeto profundo a la vida y a partir de ideales de justicia social en una época en que la humanidad se manejaba por las leyes más bárbaras y predicaba la esclavitud como institución central de las estructuras históricas; sino que se contempla en el mensaje bíblico, que los animales también deben descansar en el sábado, no solamente los seres humanos. Hasta eso llega, resalta, el ideal judaico de que servir a Dios es respetar a las criaturas vivientes. Einstein menciona una expresión que en alguna oportunidad recibió directamente de Walter Rathenau, uno de los mayores dirigentes políticos de la primera parte de este siglo, de origen judío. “Cuando un judío dice que va de caza por placer, miente” le dijo terminantemente Rathenau a pesar de ser un político sumamente pragmático. Habría una contradicción básica en la posibilidad de “judíos cazadores por deporte”. Ello violaría las esencias fundamentales de la concepción judía del mundo.

 

Kliksberg, Bernardo, Einstein, el gran cuestionador, Buenos Aires, CLACSO, 2015, páginas 37-40. Disponible en internet (consultado el 7 de noviembre de 2017): http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20160210054906/EinsteinElGranCuestionador.pdf

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